“La gente está saciada de la especialización científica y del intelectualismo racionalista. Quiere oír una verdad que no estreche sino ensanche, que no oscurezca sino ilumine, que no se escurra sobre uno como agua sino que penetre conmovedora hasta la médula de los huesos.” C. G. Jung
El nacimiento de un hijo no sólo es un acontecimiento feliz para los padres, una celebración de la vida, el fruto visible y viviente de su amor, además revela un hecho cósmico, nace un ser único y universal, que lleva consigo la herencia genética de sus progenitores y también una promesa. fruto precisamente de este carácter de evento único que presenta el nacimiento de un ser: su destino, ese camino único que va a representar su existencia, ese carácter peculiar que se expresará en las circunstancias y la historia asimismo única que ha de vivir.
La grandeza de este acontecimiento viene reflejada mediante la Carta Astral que es un símbolo universal de su ser, su carácter y vocación.
Estamos acostumbrados a definir la identidad de nuestros hijos mediante un nombre y mediante sus circunstancias de género, lugar de nacimiento, etc. Así es niño o niña, español, catalán, francés, etc. Olvidamos con ello una dimensión universal muy importante.
Carácter es destino afirma el adagio, partimos de la convicción de que el destino siendo la expresión del camino único reservado a cada uno de nosotros, es el íntimo reflejo de nuestro carácter y expresa la razón por la que hemos venido al mundo. Una razón que no se agota en definiciones intelectuales ni en fórmulas sociológicas. Una razón que se entreteje en la trama de nuestra biografía, de la historia asimismo única de la que somos protagonistas y que es el puente entre nuestro mundo interior y las circunstancias exteriores de nuestra vida.
El astrólogo, con la Carta Astral, utiliza un modelo de psique muy superior a los que maneja la psicología convencional. Este modelo se basa en los planetas y sus posiciones en los signos del zodíaco y en las casas del horóscopo y sus interacciones entre sí.
La identidad que refleja la Carta Astral no es un sistema cerrado, fijo, como la que confieren los tests psicológicos con sus rasgos caracteriales y perfiles rígidos, más bien es el mejor referente del proceso vivo dinámico y cambiante que es toda vida.
Los antiguos creían que el alma antes de nacer elige los padres, el lugar y las circunstancias que encajan con ella y las tareas que ha de realizar y que para ello al alma le es dada una ayuda. Ayuda que ha recibido varios nombres en cada pueblo y época histórica, excepto en la nuestra que solo contamos con los genes. Para los griegos era el daimon, los romanos acuñaron el término genius, los cristianos, el ángel guardián, los aborígenes el espíritu guía.
Los románticos aluden a ello diciendo que la llamada proviene del corazón, los neoplatónicos referían un cuerpo imaginal, el oquema, que te llevaba como un vehículo. Platón aludía a esa forma esencial, paradeigma, que se expresa como una imagen que engloba la vocación y el destino entero. Por vocación no entendemos un asunto religioso, es más bien una sensación de llamada personal que nace precisamente de esta razón por la que se nos revela que el mundo nos necesita, que estamos aquí por algo y para algo y que descubrir esta razón, oír y seguir la llamada es la experiencia culminante de toda vida.
Hoy, más que nunca, con la crisis de valores y la desorientación general que estamos sufriendo, resulta muy necesario que podamos dotar a nuestros hijos de una sólida base para su vida. Y esta sólida base no se agota ni mucho menos en la cuestión material, aunque así nos lo hagan creer.
Conocer la peculiaridad única del hijo representa una gran oportunidad para los padres, pues les permitirá concebir su educación de acuerdo a su originalidad y respetuosa con el camino único que que ha de transitar. Aunque imprescindibles, el amor y la buena voluntad no son suficientes, resulta necesario además un conocimiento, un saber acerca de la naturaleza esencial del hijo o de la hija que permita un trato y una estrategia educativa que respete su individualidad y favorezca el cultivo de sus posibilidades.
Cuando preguntamos ¿cuál es tu signo? también preguntamos, aunque no lo sepamos, ¿quién es tu dios o tu diosa? y mejor aún en plural ¿cuáles son los dioses y diosas de tu altar? ¿qué requieren de tí?. Una vida bien vivida es una vida que se dedica a bailar con gracia de acuerdo a la danza divina que tiene lugar en nuestra alma y al mismo tiempo en el cosmos infinito.
La Astrología es un lenguaje mítico por tanto refleja una sabiduría que trasmite las verdades más profundas de la psique humana y del destino. Fue Carlos G. Jung, gran investigador de la psique que descubrió que los personajes y figuras que aparecen en los mitos y los sueños eran figuras llenas de poder y de significado interior. Denominó a estas figuras arquetipos y refiriéndose a los símbolos del zodíaco les confirió el status de grandes arquetipos de la humanidad, por lo que llegó a afirmar “La valoración psicológica está sin más asegurada, pues la astrología representa la suma de todas las nociones psicológicas de la antigüedad”.
Tengo dos hijos, el primogénito, un Leo, nacido en un calurosa mañana de agosto. Su carta astral presenta a 7 de los 10 planetas en el elemento fuego y, de ellos, 5 en el signo de Leo que es el domicilio natural del sol. Era un día de luna llena. El benjamín nació en una oscura noche de Julio, en plena madrugada bajo el signo del cangrejo, signo regido por la Luna, estando ella asimismo junto al sol en su propio signo. Era un día de luna nueva.
Son como la noche y el día, uno es extrovertido (Leo) el otro introvertido (Cáncer). El primero es un puro sol (que es el regente del signo de Leo) nació a las 10 y pico en una soleada mañana veraniega, cuando el astro rey transitaba por la casa XI, la de la amistad, los grupos y los proyectos. Pues bien, sin avisar a nadie poco antes del nacimiento, nuestra casa se llenó espontáneamente de amigos que iban llegando sin saber que el parto estaba a punto de comenzar. Mi hijo viene al mundo con la habitación repleta de amigos maravillados presenciando el milagro de un nacimiento y convirtiéndose en imagen viva de los símbolos astrológicos de mi hijo. Hoy 20 años después mi hijo, estudiante universitario, es un líder de la asamblea de estudiantes que es un tema de la casa donde tiene a su sol y ya está viviendo con amigos.
Mi segundo hijo, el benjamín, presenta un carácter totalmente opuesto, enraizado en la familia (tema de Cáncer), nació precisamente ante la presencia de su padre, su madre y la comadrona, en la intimidad y el silencio de una noche canicular. Hoy enfrascado en sus estudios, aún expresa su preferencia por el estudio silencioso y la concentración propia de su nacimiento nocturno, persona de pocas palabras y hondos sentimientos.
He encontrado una fuente de inspiración y ayuda extraordinarios en el conocimiento de su carta astral. Por su parte, mis hijos han podido desde pequeños vivir la conexión que existe entre su vida y el cielo y ello porque la Astrología además de permitir una visión de tu identidad de amplios horizontes pues sus referentes son universales, es también un mapa de nuestro destino, del camino que recorremos. Las cosas que nos suceden siempre hallan su correlato celeste. Dicha conexión favorece una toma de conciencia y un atisbo de su significado, de ahí su poder orientador.




