Dirección y guión: Woody Allen (2009).

Este maestro del arte cinematográfico nos regala en esta obra una historia, con lo mejor que uno espera de su pluma genial. Diálogos lúcidos, mordaces y ácidos acerca de la condición humana que, esta vez, hace encarnar en un personaje asimismo típicamente woodyiano. Un viejo profesor retirado, ex-candidato al premio Nobel de Física, con una mente privilegiada y una actitud amargada quizás debido a su exceso de lucidez, se encuentra con su perfecta contraparte, una joven cándida pueblerina que con su candor consigue un imposible, casarse con él. Los chinos aludían a este tipo de parejas, un matrimonio primavera-otoño, en nuestro caso, una pareja imposible en una situación explosiva, no puede durar pero que, mientras dura, se convierte en el catalizador que va a cambiar muchas vidas.

Estamos ante una narración acerca del cambio radical, que sobreviene cuando uno se da cuenta de la impostura, la hipocresía y el autoengaño con el que ha vivido la mayor parte de su vida. Un padre fundamentalista que descubre su homosexualidad (¿recuerdan El tratado del inútil combate de la genial Marguerite Yourcenar?), una madre provinciana que acaba viviendo de artista en un mènage a trois permanente y el protagonista cuyos intento de suicidio acaban haciendo que se encuentre con la horma de su zapato.

Cada uno de los personajes  en los que se percibe una influencia almodovariana, vive su peculiar arco de transformación que contraviniendo el típico pesimismo acerca de las relaciones humana de muchas de sus obras, el director nos presenta aquí bajo una mirada más optimista y liviana. Hay una redención posible, los errores de una vida pueden llegar a ser subsanados y se puede encontrar la felicidad, eso sí después de una metamorfosis y de un reconocimiento de la verdadera esencia, un acto de autenticidad que borra los pecados y renueva la vida.

No se pierdan esta perla de película que el exquisito quehacer de Woody Allen ha convertido en una galería de historias que comparten un común denominador, un canto al acto liberador: abrir las puertas a esa locura divina que barre la impostura, subvierte el orden y abre posibilidades al amor y al deseo de vivir.

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Armando Rey ® 2009