Mal que nos pese la Astrología pertenece al espíritu de otra época, a un Zeitgeist que ha sido históricamente dejado atrás, como lo ha sido el animismo (cosmovisión de la que la Astrología es tributaria), el platonismo, el neoplatonismo, el cristianismo (entendido como doctrina) e incluso la misma metafísica, enterrada por el positivismo científico y por el postmodernismo cultural.

Es decir que la Astrología sigue siendo válida como opción personal (yo mismo le he dedicado además de un libro, más de 20 años de mi vida), una opción que a las personas que nos dedicamos puede ser enriquecedora y dotar de significado a nuestra existencia, pero que  culturalmente está obsoleta, a pesar de las verdades que contiene.

Cada época el espíritu investigador, el afán por descubrir la verdad,  centra su interés en determinadas áreas de lo real y en maneras específicas de conocerla (surgimiento y predominio de los paradigmas, en el sentido de Khun). En otras palabras, cada época tiene su pasión, si en la Edad Media era el cristianismo hoy es la ciencia. La pasión del espíritu occidental está en la ciencia y en la tecnología no en un cosmos ordenado dotado de sentido tal y cual proclama nuestra disciplina. Es decir que subjetivamente puede ser válida para algunos pero culturalmente está trascendida.

Hoy no habitamos un cosmos geocéntrico, más bien estamos perdidos en un universo impensablemente vasto con estructuras y dimensiones jamás antes imaginadas. Hoy a nadie le preocupa la posición de Marte, ni nadie teme que se le despierte la cólera, aunque la guerra sigue existiendo. hoy el único dios real y psicológicamente vivo es la Economía, el dinero, a éste si que le dedicamos (le sacrificamos) nuestra energía vital.

La popularización de la psicología junguiana, supuso un breve revival del paganismo y el culto a los dioses, sobretodo en el mundo New Age, pero como bien afirma Giegerich, seguir a los dioses, hablar de ellos en la actualidad acaba resultando una impostura, pues los dioses estaban vivos, culturalmente hablando en otra época, aquella en que una persona entregaba a su mejor toro como sacrificio.

Mal que nos pese muchos de nosotros tenemos una actitud de nostalgia cultural que nos hace sentir y buscar en el pasado los tesoros de aquellas épocas, pero Giegerich sospecha y mal que me pese a mí, pues me ha costado mucho reconciliarme con la idea de que es muy posible que tenga razón, que tras esta actitud romántico-nostálgica que nos embarga a los adoradores de los saberes del pasado, se esconde un problema más grave: el nihilismo, Una actitud, mejor una enfermedad de occidente (Nietschze dixit) que se manifiesta en la negativa a conferir valor a lo que hay que tiene dos consecuencias, la más extendida, que dice que como nada vale, todo vale, a vivir la buena vida y después de mí el diluvio y la que reacciona al nihilismo imperante con otro tipo de nihilismo. El nihilista del segundo tipo, ve lo que hay concluye que está mal y busca en otro lugar el remedio, sea la tradición del pasado, sea en una moral o valores trascendentes.

La cuestión es que todos niegan valor a lo que hay (lo que hay es nada: nihil), y hoy lo que hay es ciencia, la tecnología, el calentamiento global, la destrucción de la naturaleza, etc. Y, superada la actitud nihilista cabe la sospecha de que lo que hay tiene mucho valor, es un momento y proceso histórico necesario y valioso, aunque doloroso y aunque pueda llevar a la destrucción de un sistema de vida, de un mundo o de la humanidad, en el peor de los casos. Como afirma este autor, no se trata de luchar contra los síntomas, se trata de escucharlos y descubrir adónde nos quieren conducir.

No creo que se trate de ser pesimistas ni optimistas, se trata más bien de pensar.  La gente conoce su horóscopo como un pasatiempo sin mayor trascendencia, y si es más serio, se va a consultar al astrólogo a escondidas muchas veces y si no, como una opción muy personal de algunas o muchas personas, pero esa no es la cuestión.  Uno, a nivel de opción personal, puede ir al astrólogo, al tarotista, al psicólogo, al curandero o a Lourdes. Esto son elecciones personales, insisto., todas igualmente válidas.

La cuestión está a nivel cultural e histórico, este es el nivel impersonal al que me refiero. Cundo publiqué mi libro, en  el 1987, por cierto época de revival de la astrología, un amigo mío, profesor de universidad me confesó que todos sus compañeros en la facultad de psicología habían leído el libro, a muchos les gustó pero nadie hizo nada a nivel institucional para promoverlo. Ocurre lo mismo, con muchos otros de los productos culturales del New Age y/o la espiritualidad moderna. Uno va a un curso de chamanismo, o meditación budista el fin de semana, otro se va al campo a convivir y amar a los árboles y a realizar rituales celtas, pero regresa el domingo para estar el lunes a las 7 de la mañana en la oficina y  comportarse como un perfecto occidental el resto de los 5 días laborales. Y eso es lo que cuenta. Hemos convertido el tema espiritual, incluyendo la astrología, en una experiencia de consumo más, en el supermercado espiritual contemporáneo.

Uno practica el zen, otro se siente alquimista y un tercero astrólogo y se pretende vivir como tal, pero la lógica y la actitud que nos mueve es la de hoy, época de tecnología, economía y consumismo. Los dioses, los espíritus de la naturaleza y los astros no cuentan para nada, más allá de la elección personal o el estilo de vida de algunos. No cuentan institucionalmente, no cuenta en los recursos investigadores de occidente, ni en el esfuerzo pedagógico de educar a las nuevas generaciones.

La pasión del pensamiento occidental está en otra parte, un espíritu secular que sólo admite verdades propias del positivismo científico y de la lógica económica. Es el signo de los tiempos, y a los que no nos gusta tal estado de cosas siempre nos queda elegir personalmente vivir como un astrólogo medieval o un chamán precolombino pero con ello estamos dando la espalda a la situación histórica que vivimos y los graves problemas que plantea, pues mal que nos pese, si creemos que mediante la elección personal de volverse budista o astrólogo,  fruto de la insatisfacción de cómo están las cosas en nuestra sufrida modernidad,  luchamos contra los males de la época, nos equivocamos. como afirma Giegerich estamos reproduciendo inadvertidamente la actitud nihilista contra la que supuestamente luchamos.

Una actitud que supone casi siempre, un dar la espalda a la tarea de pensar que pasa lo que pasa por algo y sobretodo para algo.  Crisis ecológicas, de valores, económicas, etc, es decir los males de la época requieren un ser asumidos, afrontados y pensados, como algo necesario que requiere ser entendido y no juicios negativos y búsqueda compensatoria de "soluciones" mirando nostálgicamente atrás, para intentar revivir un mundo (animismo, renacentismo, edad media, etc.) que por algo murió.

El hecho evidente es que desde el triunfo hegemónico de la Ilustración y la modernidad, la Astrología desapareció de la mente occidental, de sus instituciones, de sus preocupaciones e intereses. Socialmente a los que a ella nos dedicamos, vivimos una marginación casi total. No se nos tiene en cuenta para nada a la hora de intentar buscar soluciones a los problemas de la época. Los medios de comunicación nos buscan como pasatiempo, entretenimiento o curiosidades más o menos anacrónicas, las universidades y las corporaciones, salvo rarísimas excepciones que no hacen más que confirmar la regla, dedican sus recursos a otros campos y enfoques del conocimiento. Esta es la cuestión, si frente a ello reaccionamos con optimismo o pesimismo, es ya un tema de temperamento o estado de ánimo personal, que ni quita ni pone nada a la situación impersonal. Y puestos a hablar de estados de ánimo personales, he de confesar, ahora sí que soy muy pesimista, en relación a la estimación del tiempo que tomará el que los astrólogos serios, seamos una especie extinta, quedamos muy poquitos y somos ya viejitos y muy poca sangre fresca entra a engrosar nuestras filas, cada vez se publican menos libros de astrología, y ésta como disciplina atrae a muy pocas mentes inteligentes, más bien suele atraer a personas problemáticas, de escasa cultura, que buscan en ella una salida imaginaria a sus problemas y delirios.... !ay! como me gustaría estar equivocado.